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1 de Julio: Vacaciones

Miércoles,7 julio, 2010

Día nublado. Más de 500 kilómetros por delante.

El maletero del coche hasta los topes, ropa calzado de todo tipo, cómodo, sandalias, de vestir, de montaña… Algo de ropa de abrigo, comida, información de los lugares que quiero visitar. Libros, para leer en el tiempo “libre”; teléfonos, por si no perdemos poder avisar.

El equipo fotográfico… y el portátil, porque seguro que las dos tarjetas de memoria que llevo se me quedarán cortas, así que tendré que descargarlas todas las noches.

Carretera, casi sin coches. En cierto modo esperable, no vamos a zona de playa, es a mitad de semana, y nos movemos por el norte.

A la hora de comer, lo de siempre, para salir del paso, y a un ojo de la cara. Siempre pasa lo mismo, en cuanto cruzas la frontera. Será una visión distorsionada por vivir en una región en donde en , casi cualquier lugar, por cutre que parezca, se come muy bien. El menú de ayer lo habrían servido en uno de los más “pobres” y por 7 euros menos por persona. Sin embargo estaba lleno, así que no debía ser mal sitio. Son demasiados años con la misma experiencia, muchos viajes, mucho comer fuera de casa, así que dudo que no sea lo habitual. Fuera de Asturias, para comer bien, hay que pagar. Los que me entiendan saben a qué me refiero.

Por la tarde salió el sol. 35 grados de temperatura que no se notan con el aire acondicionado del coche. La ruta es conocida, de un viaje de unos años atrás.

Hasta que tomamos la desviación a nuestro destino y nos adentramos en un valle estrecho, entre dos paredes casi verticales, cubiertas por bosques de pinos. En el aire, a una altura considerable, nos sobrevuelan, quiero creer, buitres. La zona, las paredes de piedra y el tipo de vuelo así lo sugieren.

De repente pasan sobre el coche dos pájaros, uno tras otro. El de delante, una rapaz, mediana, no soy capaz a distinguirla, el de atrás otro tipo de ave, más pequeño. La rapaz se eleva, el pequeño pasa por debajo, y, en ese momento, en un corto picado, la rapaz se lanza sobre el otro y lo caza en pleno vuelo. Alucinante. En cuatro segundos, a escasos metros del parabrisas del coche.

Un buen recibimiento al Valle de Roncal.

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