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Canasta, 2 puntos

Sábado,24 abril, 2010

Todo es relativo.

Lo que para unos no tiene importancia, para otros tiene mucha. Aquello a lo que no das valor en un momento determinado, en otro momento tiene un valor incalculable.

Y la vida está llena de momentos.

Hoy he vivido unos de esos momentos especiales. Posiblemente, unos meses atrás no hubiera sido lo mismo. Pero ha sucedido hoy. Y eso lo ha hecho distinto. Porque hoy era la ultima oportunidad.

Todo empezó hace cinco meses. Hace 18 partidos. Cuando empezó la liga, él no sabía botar una pelota. Al tercer intento se le escapaba el balón. Incluso pesaba demasiado para pasárselo a un compañero. Qué decir de tirar al aro, al tablero. Ni siquiera poniéndose debajo tenía fuerza suficiente para que llegara a la altura necesaria.

No fuimos al primer partido, porque decía que no se sentía preparado. A penas dos semanas antes había empezado a entrenar. En sus primeros partidos salía al campo el tiempo mínimo, no tocaba el balón, sus compañeros lo ignoraban, para qué dárselo a él si se le escapaba, si no tenía fuerza ni coordinación para coger un balón tan pesado que venía por el aire o botando. Así que se limitaba a correr incansablemente el campo arriba y abajo, aún a sabiendas de que era un esfuerzo inútil.

Poco a poco empezó a luchar por los balones. Cuando uno, perdido, pasaba por su lado, lo cogía, pero no sabía qué hacer con él. Así que cualquier contrario se lo quitaba. Más tarde aprendió a defenderlos, si lo cogía no lo soltaba. Hasta lo arrastraron por el suelo en una ocasión. Pero no lo soltó. Y ganó la posesión para su equipo. En aquella ocasión todo el mundo lo aplaudió y le animó. Y eso le dio fuerzas para seguir aprendiendo.

Luego se lesionó un tobillo y se perdió un par de partidos, pero él quiso ir a ver a sus compañeros jugar, para animarlos y compartir la victoria.

Y llegó la recta final, los tres últimos partidos. Ya tenía más fuerza, más confianza. Seguía corriendo como siempre, pero si tenía oportunidad de coger el balón, lo hacía, y lo soltaba con rapidez para dársela a un compañero. Incluso se atrevió a tirar a canasta, aunque no pudiera lazarla tan arriba.

Hoy se jugó el último partido de la liga regular. Ayer le dije que tenía una corazonada. Que hoy le iba a hacer una foto en el momento que metía una canasta, pero que para eso ocurriera necesitaba que pusiera algo de su parte, que hoy debía soñar y verse a sí mismo metiendo esa canasta.

Esta mañana cuando se despertó lo primero que le dijo a su madre es que había soñado que hoy metería una canasta.

Al comienzo del partido era el único jugador de su equipo que no había encestado en algún partido. Salió de titular en el primer cuarto. Tiró dos veces a canasta. Y nada.

Volvió a salir en el segundo cuarto. Y entonces sucedió. Metió su primera canasta. Dos puntos. Y yo recogí ese momento en una foto. Cuando quité el ojo del visor de la cámara, vi a su mejor amigo, que en ese momento estaba en el banquillo, como corría a abrazarse con su padre, tal era su alegría. Y cuando miré hacia él, estaba en su campo, limpiándose los ojos mientras defendía su canasta. Un gesto que repitió varias veces. No tenía duda, estaba llorando porque había conseguido lo que esa noche había soñado, lo que toda la temporada había soñado, lo que ya pensaba que nunca lograría.

En el descanso del partido, mientras tenía la cámara apagada porque no tenía dónde fijar mi objetivo, me vino ese momento a la mente y algo más a los ojos.

Y por eso lo escribo aquí, porque no quiero que se me olvidé lo que sentí esta mañana, lo que sentimos.

En el último cuarto, el entrenador volvió a sacarlo en los últimos minutos. Jugó más tiempo que nunca. Y lo hizo. Metió otra canasta. Otros dos puntos.

Y Mario fue el niño más feliz del mundo.

Y su padre, también.

4 comentarios leave one →
  1. Sábado,24 abril, 2010 23:51

    Me has emocionao coño!
    Yo de pequeño era gordito y asmático, además de un empollón. Jugar al fútbol para mí era una osadía.
    Hoy tengo 32 años y sigo jugando cuando el resto de mis amigos se han “retirado”. Sigo marcando goles, jugando de centrocampista, defensa o delantero. Y cada vez que hago una jugada buena, recuerdo cuando necesitaba el inhalador cada vez que corría un poco.
    Así que sé que las pequeñas cosas tienen un valor excepcional. Los pequeños triunfos, las pequeñas metas…
    Un abrazo, hurra por Mario!

  2. barrenado permalink
    Lunes,26 abril, 2010 21:31

    Muy bueno.
    Creo que esa canasta fue mucho más que dos puntos.
    Por cierto, gran idea la de guardar ese momento por escrito, nunca se sabe cuando se necesitan recordar esos momentos y puede que otras canastas dejaran esta en un rinconcito.

  3. Viernes,30 abril, 2010 10:11

    Enhorabuena!!! ya ves como casi todo llega con tiempo y esfuerzo.
    Me alegro de veras por ustedes.
    Abrazos.

  4. Sábado,1 mayo, 2010 18:24

    La vida está llena de pequeñas cosas, como éstas, que son las que la hacen grande.
    Emotivo, muy emotivo.
    Un beso.

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