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Vacaciones

Viernes,26 marzo, 2010

Estoy de vacaciones.

Desde ayer.

De vacaciones “obligadas”, de esas que te regalan los jefes amablemente cuando escasea el trabajo. De esas que “te regalan” pero que descuentan de los días que legalmente te corresponden y que, previamente te habían hecho marcar en una hojita a principios de año, esas que tú eliges pero que si ellos quieren no valen para nada, pero que se marcan tan pronto para planificar el año con antelación, no vaya a ser que coincidamos más trabajadores de la cuenta de vacaciones a la vez.

Las que “disfruto” ahora no hace falta planificarlas. Te las regalan de un día para el otro. Así son de generosos.

En fin, que me he propuesto disfrutarlas y no amargármelas, así que no volveré a tocar el tema.

Ayer, dejé a Mario en el cole, cogí el coche y me fui, cámara al hombro, a hacer fotos. Un día maravilloso, una soledad impagable, un mar hermoso, unas playas como deberían estar siempre, vacías. Lo que necesitaba para olvidarme de problemas e historias raras. Y para pensar. Pensar en lo que hacer el resto de mis vacaciones regaladas.

Hoy fui al acuario con Mario: pirañas rojas, peces vaca, peces perro, peces cerdo, peces navaja, payaso, sardinas, lenguados, rodaballos, estrellas de mar, caballitos de mar, esturiones, nutrias, tortugas, pingüinos, tiburones… Rayas.

Me quedaría horas viendo como ondulan las aletas las rayas mientras nadan alrededor de los tiburones toro, en ese mundo acuático donde parece que no existe el tiempo, en un silencio absoluto, casi tanto como el que había en el acuario a primera hora de la mañana. Y las medusas, transparentes, etéreas, preciosas, tanto que apetece meterse en el agua con ellas. Aunque mejor no.

Como con las morenas, ese pez que me repele, que me parece el más horrible de los que existen en los acuarios, con esos ojos y esa boca siempre abierta, esperando semiescondidas para atrapar lo primero que se les pase por delante.

Me gusta ir al acuario, es un recorrido de hora y media en el que me olvido de todo. Me gusta ir por semana, a primera hora, cuando no hay nadie, solo silencio y la voz de algún niño a lo lejos cada vez que descubre un nuevo pez, un pez que nunca había visto más que en fotos.

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