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Atrapado en el tiempo

Domingo,3 enero, 2010

Es curioso cómo cambian las cosas.

O no.

El mes pasado, cada vez que subía o bajaba del hospital, mi estado de ánimo variaba según lo hiciera solo o acompañado.

Cuando lo hacía acompañado, ese trayecto de 10 minutos, apenas difería de otro cualquiera; cuando lo hacía en soledad, mi estado de ánimo era totalmente diferente. Me sumía en un estado de tristeza profunda, mi cabeza se llenaba de pensamientos, de rabia… a veces, de soledad… otras, de cansancio… las más. Conducía de manera automática, con la vista perdida, con la mente en otras cosas…

Pasó diciembre, sigo subiendo y bajando al hospital, espero que por poco tiempo más. Entre otras cosas porque mañana vuelvo al trabajo.

Ppero mi ánimo ha cambiado. Ya no depende de mi compañía, de hecho, subo y bajo siempre solo. Y lo hago completamente consciente.

Maldito diciembre.

Así que ayer, al bajar, como todos los días, pasé junto a un pequeño bar.

Un pequeño bar que, ayer, en la oscuridad de la noche, su resplandeciente luz interior hizo que girara mi cabeza hacia él, al detenerme en el semáforo que está delante.

Y lo vi.

Leyendo el periódico sobre la barra. Allí estaba. Como siempre. Como le recordaba hace más de 30 años. El mismo gesto, la misma cara.

A ese bar íbamos los jueves. Mi padre, mi madre, mi hermana y yo. Era como una costumbre. Todos los jueves. Ese día de la semana ponían “Pulpu con patatines”. Y a mi hermana le encantaba, y a mi padre. A mí, no. Yo cenaba otra cosa.

Y entonces, ya estaba él, en la barra, atendiendo las escasas cinco mesas que tenía y aún tiene. Y su hermana cocinaba. Y supongo que sus padres serían los dueños del bar. Y supongo que lo habrán heredado.

Y digo supongo porque no lo sé, y porque entonces yo era un chiquillo de unos diez años o menos, y ha pasado mucho tiempo.

Y él ya era así, como lo vi ayer. Supongo que a los ojos de un niño todo se ve mayor de lo que es, y las personas que te superan en edad te parecen también mayores de lo que son.

Pero la cara que vi ayer era la misma que veía hace 30 años. Y el bar era igual. No me fijé demasiado, pero podría asegurar que las mesas, la fachada, el interior es el mismo. Como si el paso de los años no lo hubiera cambiado. Como si no hubiera necesitado pintura, reformas, nada…

Fue como un viaje en el tiempo.

Quizás me visitó el fantasma de las navidades y me hizo ver parte de mi vida anterior.

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3 comentarios leave one →
  1. Domingo,3 enero, 2010 16:48

    Pues no sé si es la madurez, las circunstancias o qué, pero percibo que, nuestro “yo” más interno, nos manda señales que, a veces no sabemos cómo interpretar…

  2. Lunes,4 enero, 2010 01:58

    Volver la vista atrás, un ratito en el tiempo…
    si, gracias a tu entrada, me ha hecho recordar otro tiempo, otro mundo, gracias.

  3. barrenado permalink
    Sábado,16 enero, 2010 23:20

    ¿Y por qué no entraste?

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