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Trabajo

Miércoles,2 septiembre, 2009

He tomado la determinación de hacer una entrada aparte, en lugar de hacer un comentario en la entrada de ayer.

Ya había escrito en una entrada anterior diciendo que quizás debería sentirme un privilegiado por tener el trabajo que tengo. Que además me gusta y que la mayoría de las veces disfruto haciéndolo. Es evidente que me da oportunidades para que ocurran cosas como las de esta semana.

Pero eso no pertenece al trabajo. Ni siquiera es parte del trabajo. Y aunque esos momentos pudieran compensarme en alguna medida, no forman parte el trabajo.

Pero para ver, hay que tener ojos. Y está claro que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. De hecho, es probable que ninguno de mis compañeros se haya dado cuenta de la suerte que tienen con las oportunidades que nos ofrece.

Quiero decir con todo esto, que no tiene nada que ver, el aspecto técnico o circunstancial, con el logístico u organizativo. De esos son de los que me quejo cuando hablo del trabajo.

Supongo que le pasará a todo el mundo, haga el trabajo que haga, y está claro que quien se pasa el día encerrado entre cuatro paredes haciendo tares burocráticas o de estilo similar, podrían llegar a sentir cierta envidia (no me gusta esta palabra) o pensar que tengo mucha suerte.

Pero también los demás tienen sus ventajas:

– no se mueren de frío en invierno.

– no se mueren de calor, ni les quema el sol en verano.

– tienen un horario más o menos fijo.

– saben lo que tienen que hacer cada día.

– comen todos los días en el mismo sitio, sea en casa o no.

– No se pasan horas bajo la lluvia o entre el barro.

Cada trabajo, visto desde fuera, siempre parece  mejor de lo que es que cuando lo vemos desde dentro y conocemos todos los detalles.

Por eso yo no hablo de qué trabajo es mejor o peor, de dónde se gana más o menos, de ”en cual se vive mejor o peor”…

En todos hay ocasiones para  que te ocurran cosas como las que me sucedieron a mí estos días. Sólo hay que saber mirar, buscarlas y encontrarlas.

Pero eso no quita para que también tenga derecho a quejarme de lo mal que se hacen algunas cosas.

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8 comentarios leave one →
  1. hoxingu permalink
    Miércoles,2 septiembre, 2009 20:01

    Muy buena la viñeta de las vacas; el chiste del final también.
    Todos sabemos que en los trabajos se dan situaciones que no son las ideales, como en cualquier otro ámbito de nuestra vida; lo que nos gusta recordarte cuando te notamos agobiado con el curro es el aspecto positivo de tu trabajo, que ha quedado bien patente con tu anterior entrada.
    En cuanto a ese supuesto derecho a quejarse del que hablas, decirte que “quejarse” no cambia nada.
    “Si no te gusta algo, cámbialo; y si no puedes, acéptalo y no te quejes…” Esta frase no es mía, yo no podría ser tan radical, la he leído en un sitio de mucha confianza para mí.
    Un besito muy cariñoso para ti, amigo…

    • Miércoles,2 septiembre, 2009 20:27

      Es evidente y tengo muy asumido que quejarse no cambia nada, aunque yo diría más bien lamentarse.
      Porque quejarse de lo que no funciona o se hace mal es una forma de expresar ante quien tiene el poder de cambiarlo de que las cosas se deben hacer de otra manera.

      • hoxingu permalink
        Miércoles,2 septiembre, 2009 21:34

        De acuerdo con la puntualización.
        ¡Quejémenos, pues, de lo que no funciona ante quien tiene el poder de cambiarlo!
        Hay tarea, ¿verdad?

  2. barrenado permalink
    Miércoles,2 septiembre, 2009 21:08

    Cada día te salen mejor los post. Este concretamente está muy bien, me ha encantado, y encima he de darte la razón en lo que dices.
    Un 9.5 para que no te duermas y sigas así hasta el 10, je je je je je.

    • Jueves,3 septiembre, 2009 15:26

      Me alegro que te haya gustado.
      Intentaré llegar al 10. Será un honor que tú me lo concedas.

  3. Miércoles,2 septiembre, 2009 23:41

    Tienes toda la razón.

  4. Raquel permalink
    Jueves,3 septiembre, 2009 22:08

    Me gustó la de las vacas, pero la verdad es que yo, a pesar de pasar un poco ya de los treinta, me sigo sintiendo como los de menos de treinta… jajaja. Y oye, lo importante es, como tú dices, saber ver lo positivo. Un besito.

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