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Teléfono, abuelos y mentiras

Lunes,1 junio, 2009

Tengo una nueva preocupación y posiblemente una nueva fuente de problemas.

Mario, seis años, acaba de aprender a llamar por teléfono por sí mismo.

Antes si quería llamar a alguien, de momento sólo familia y un amigo, nos pedía que le marcáramos el número, saliéramos de la habitación, si era desde el fijo, o se iba él si era con el móvil. Luego fue perdiendo esa vergüenza y ya era capaz de hablar por teléfono con nosotros delante.

Ahora ha ido un paso más allá. Se ha aprendido de memoria el número de teléfono de sus abuelos y llama cuando le apetece. Es decir, antes, si tenía que decirles algo debía recordarlo para cuando los viera, con lo cual, algunas veces se le olvidaba. Como generalmente sus conversaciones se basaban en pedir cosas que vio, le gustan y las quiere, nos venían bien esos olvidos. Pero ahora, si está viendo la tele y sale un anuncio de algo en lo que está interesado, o se le viene a la cabeza otra cosa, coge el teléfono y llama.

Por qué hace eso. Porque previamente yo le he dicho que no se lo voy a comprar, que no se puede pedir todo lo que se le ocurre y apetece, y que el dinero cuesta mucho ganarlo y está para cosas más importantes que sus continuos caprichos.

Pero cómo es muy inteligente (afortunadamente) sabe que sus abuelos no se lo van a negar, así que los llama cuando está solo en el salón.

El caso es que después de pedirles una nueva cosa y su abuela aceptar en comprárselo, lo cogí por banda y tuve una conversación con él para explicarle que si le digo que no, es que no, y que no tiene que ir a pedírselo a nadie más.

Hasta aquí todo bien. El niño lo acepta, y cuando salgo del salón, vuelve  a llamar a su abuela para decirle que no se lo compre porque yo se lo he dicho.

Cuando me doy cuenta de esto. Vuelvo a sentarme con él y le felicito por lo que ha hecho. Pero entonces, me confiesa que la abuela le ha propuesto una cosa: comprárselo y dejarlo en su casa para que yo no me entere.

¿No es esto desafiar y desautorizar la decisión de un padre, enseñar a mentir a un niño y maleducar?. Joder (lo siento), mira que desde la última pelotera con aquello de la comida ya evito, en lo posible, que haya más enfrentamientos, pero es que esto me parece excesivo.

Afortunadamente, mi hijo es muy sensato y, cuando el domingo fui al partido y él y su madre volvieron a casa solos, volvió a llamar a su abuela para decirle que no le comprase nada, y hoy lunes me confesó que su madre había hablado con su abuela en ese sentido este mediodía.

¿Es posible que lo estemos haciendo bien con este niño?

6 comentarios leave one →
  1. Lunes,1 junio, 2009 22:16

    Lo estáis haciendo muy bien por lo que cuentas. Y si, su abuela lo que quiere es mimarlo demasiado, y alomejor no se da cuenta que con eso está desautorizandoos a vosotros… pero bueno, si tu mujer ya habló con ella…

    De tema teléfono, me acuerdo cuando mi madre me explicó que no podía llamar siempre que me apeteciera. Si por mi fuese, cuando me aprendí de pequeña el número de mis familiares, los hubiera estado llamando cada cinco minutos. Aiss… 🙂

    Te voy a contar un secretillo que no viene al cuento: Ahora cada vez que suena en mi mp3 la canción de Mario, de M Clan, me acuerdo de ti y de tu hijo. Jejeje… es que la letra también es peculiar, me gusta.

    Un beso grande grande!

  2. Raquel permalink
    Martes,2 junio, 2009 11:23

    Vaya, parece que siempre surgen complicaciones. No es fácil, no, pero seguro que lo hacen lo mejor que saben. Sobre lo del teléfono, dependiendo de los modelos, puedes ponerles un bloqueo de seguridad… Yo también tuve una abuela que me malcriaba y al final no he salido tan tan mal… Besitos.

    • Miércoles,3 junio, 2009 19:36

      Raquel, los abuelos están para malcriar, en eso estamos de acuerdo, nunca lo puse en duda. La educación recae sobre los padres. Pero es que en este caso no se trata sólo de eso.

  3. Miércoles,3 junio, 2009 10:11

    Nosotros aún no tenemos niños pero me preocupa enormemente hacer entender a un niño el valor de las cosas y evitar que entre en la vorágine consumista que nos rodea. A mi nunca me ha faltado de nada pero cuando lo que pedía era un capricho insustancial y sin sentido mis padres me hacían ver la importancia de las cosas.
    Con el tiempo me he dado cuenta de lo dificil que debe haber sido para ellos decirme que no a cosas que igual no costaban nada pero que podían acostumbrarme al “pedir”
    Me siento orgulloso de los valores que mis padres me han inculcado, así que creo que en el futuro tu hijo sentirá lo mismo por sus padres
    Un abrazo

    • Miércoles,3 junio, 2009 19:38

      Yandros, gracias por tu comentario.
      Por lo que leí en tu blog tienes mucha suerte con los padres que te tocaron, y seguro que lo hicieron muy bien.
      Yo, de momento, lo estoy intentando, y de algún modo creo que lo voy consiguiendo, aunque hay momentos de duda.

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