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Relato: una pareja

Domingo,29 marzo, 2009

Me encontraba comiendo en el bar,antes de regresar al trabajo, cuando entraron.

Despacio, muy lentamente. El la ayudaba a dar los pasos con el ritmo justo para no perder el equilibrio y caerse de bruces. Se dirigieron a la mesa más cercana de la puerta, apenas unos cinco metros de distancia, y la sentó.

Eran una pareja  vulgar. Vulgar en sus ropas, que se diría compradas en el rastro, porque su economía no da para más.  O porque en realidad no le daban importancia a su imagen. Daban la sensación de vivir en su mundo, a espaldas de las miradas de la gente. El llevaba la chaqueta de un chandal de unos colores imposibles, todos bajados de tono por el uso y los lavados. Ella, una chaqueta roja, de punto, y una falda de las que ya no se llevan.

¿Sus edades? El era mayor que ella. No me atrevo a decir cuánto, podría ser su padre, pero también podría ser su pareja.

Mientras tanto, él se dirigió a la barra del bar y pidió dos consumiciones: una pinta de vino para él, y un vaso de leche para ella. Se acercó a la mesa con el vaso de leche y se lo dio a beber, un sorbo, pequeño, colocándole la mano bajo la barbilla, no le fuera a caer un poquito de leche en la ropa. Luego volvió a la barra a recoger su vaso,y a su vez, aprovechó a coger un pincho de jamón que había en una bandeja sobre el mostrador. Se lo comió de un bocado y cogió otro. Esta vez para ella. Puso su vaso de vino sobre la mesa y, antes de sentarse, partió el pincho de jamón en un trocito pequeño, se lo introdujo en la boca con una delicadeza que no encajaba demasiado con su aspecto. Después un segundo trozo. Y un tercero, no daba para más. Ella, que permanecía con la mirada escondida hasta ese instante, alzó la cabeza y dibujó una sonrisa en su triste cara mientras le miraba con gesto de agradecimiento.

El hombre se sentó a su lado bebiendo un trago de vino, y entonces ella miró al tendido, con orgullo, diciendo a todos: no tengo nada, soy pobre, enferma, pero tengo a un hombre que me cuida.

Cuando se acabó mi tiempo de descanso me dirigí a la barra a pagar el menú. Pasé junto a su mesa y él ya no estaba. No recuerdo sus caras, sólo recuerdo la manera cómo él la trataba, y que allí había amor.

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6 comentarios leave one →
  1. Domingo,29 marzo, 2009 04:12

    Precioso. Te falte lo que te falte, teniendo amor, áún queda esperanza, y motivos por los que ser feliz y luchar. Bella historia. Besos.

  2. Domingo,29 marzo, 2009 15:18

    Muy bella historia.
    Preciosa.

  3. Lunes,30 marzo, 2009 10:20

    Qué tierno.

  4. pat permalink
    Lunes,30 marzo, 2009 12:25

    De los relatos que has escrito hasta ahora, el mejor con diferencia. Enhorabuena.

  5. Lunes,30 marzo, 2009 21:13

    Gracias, Pat. Intentaré hacerlo mejor cada vez.

  6. barrenado permalink
    Miércoles,1 abril, 2009 20:50

    Creí haber comentado ya, se me pasó, pero sigo pensando lo mismo, hay bellas historias que sólo están al alcance de algunos ojos.
    Tienes unos ojos privilegiados que ven lo que otros simplemente miramos.

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