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Pelos y tres libros

Domingo,1 febrero, 2009

Ayer, con este mal tiempo, tocaba ir de centro comercial.

Solemos ir por la mañana, comer allí, hacer nuestras cosas y volver pronto a casa.

Ayer tocaba “corte de pelo”. A Mario, claro. Yo hace cinco años que no piso una peluquería. O mejor dicho, que no me siento en un “sillón de peluquería”.

Cuando Mario nació y nos planteamos su primer corte de pelo en serio discutimos sobre llevarlo a una peluquería o intentarlo en casa. Venció llevarlo a una peluquería. Pero dadas las características de su pelo y después de que se decidieran por usar maquina eléctrica en lugar de  tijeras, su padre, o sea yo, pensó que para qué volver otra vez cuando tocara. Me compraría un cortapelo y se lo haría yo en casa.

Pero como la experiencia de la peluquería no fue muy agradable para él porque odiaba los ruidos, y sigue odiandolos,  no hubo otra manera de que se lo hicieran mas que teniéndolo yo en mi regazo y sujetándole brazos y piernas para no salir de allí, además de sin pelos, sin algo más.

Así que me compré el cortapelos, pero él siempre se negó a que yo se lo hiciera. Ahora va encantado a la peluquería. Hasta pide él al peluquero que le deje el flequillo hacia arriba.

Una vez hecha la inversión y dado que mi pelo se va retirando poco a poco, decidí usar yo la máquina conmigo mismo. Al principio me costó, pero ahora ya hace tiempo que domino la técnica.

El caso es que la última vez que Mario se cortó el pelo me dijo que cuando íbamos a hacerlo los dos a la vez, uno en cada sillón, pero en la peluquería. Esta vez, fue así.

Yo sólo arreglé las irregularidades que se notan en cuanto me crece un poco el pelo, no es que necesitara cortar mucho, pero así le daba gusto al niño. Pero me sirvió para recordar cómo disfrutaba cada vez que iba a que me cortaran el pelo. Para mí era uno de esos pequeños placeres que hay en la vida. Siempre me encantó. Pero ahora que no lo hacía desde hacía bastante tiempo, tuvo ese gusto de “algo que  hace tiempo que no pruebas y te hace volver años atrás”.

Sentí esa sensación en la que “algunas mujeres” cuando no se encuentran muy bien van a la peluquería a cambiarse de look para levantar la moral, y salen “como nuevas”. Bueno, no sé si es así, pero es lo que me imagino.

Luego nos fuimos a su tienda preferida: la FNAC, donde se puede pasar horas en la sección de libros infantiles. Y, como no, siempre me saca uno. No me duele nada gastar dinero en un libro que Mario me pida.

A la vez que él está mirando todo lo habido y por haber al alcance de sus manos, yo estoy a lo mío, entre las cámaras digitales, los miniportátiles, es decir, mis próximas compras. No sé cuando, pero sé que serán esas.

Y también entre los libros. Ayer compré dos. Por supuesto de lo que ocupa mi vida en este momento.

Uno de una sicóloga, Mª Jesús Alava Reyes: “Trabajar sin sufrir”- Claves para superar los problemas y disfrutar en el trabajo.

Ya leí algo. Me gusta, con ejemplos prácticos y ameno.

Otro, de Carl Honoré: “Bajo presión”- Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Lo ví muy por encima, pero también con anécdotas y situaciones que se dan en la actualidad en contraposición a lo que fue la educación de la gente de mi edad y mayores. No sé en ciudades grandes, pero yo recuerdo que podía bajar a la calle a jugar con mis amigos a lo que fuera sin que mi madre se preocupara lo más mínimo, algo que ahora es impensable.

Son dos temas que creo que centrarán mi vida en los proximos meses y no me costó mucho decidirme a comprarlos.

El tercero: “las aventuras del Capitán Calzoncillos”. Creo que no hace falta aclarar para quién es.

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8 comentarios leave one →
  1. Domingo,1 febrero, 2009 22:08

    Mis hermanos también son de peluquería, pero mi padre me suele pedir que se lo corte con la máquina, son unos minutos y a otra cosa, a menos que quieras un corte de pelo algo diferente.

    Yo sólo voy a la peluquería una vez al año, no me gusta nada que me manoseen el pelo, siempre lo llevo largo, así que cuando voy me lo corto bastante y así no tengo que volver en una temporada.

  2. Domingo,1 febrero, 2009 23:53

    Las aventuras de ese capitán pintan bien! jejeje
    Es genial que te pida libros, de verdad…

    A mi me ENCANTA ir a la peluquería y que me corten y prueben todo lo que quieran 🙂 es más, ahora lo llevo cortito cortito por detras, como un chico, y larguito por delante (que moderna yo) 😛

  3. Lunes,2 febrero, 2009 10:03

    Qué bien retomar lo de la pelu y compartirlo con Mario. Os habrá sentado de maravilla a los dos.

    A mis padres tampoco les dolió nunca gastarse dinero en libros cuando yo se los pedía y lo agradezco. Espero que Mario siga con su vena lectora 🙂

    El libro sobre el trabajo pinta bien. Ya contarás más de él.

    Besos

  4. Lunes,2 febrero, 2009 11:39

    Me parece fantástico que compartas momentos con el peque, en cuanto a los libros es genial, es precioso compartir momentos leyendo juntos, en silencio. Mi peque no sabe leer, pero mira atentamente las páginas como si lo hiciera, dice que tiene ganas de saber leer.

  5. Lunes,2 febrero, 2009 12:19

    Txispas, lo único que merece la pena en mi vida en estos momentos es compartir todos los momentos que puedo con Mario. Y gracias a esta baja, de momento es lo mejor de todo, aunque al principio fue duro.

    No sé qué tiempo tiene tu peque, supongo que rondará el año, tal y como habla o algo más. Si te dice que tiene ganas de saber leer seguro que será un niño lleno de ganas de saber y de hacer muchas cosas. Tienes mucha suerte, o mejor dicho, debes de estar haciéndolo muy bien.

    Un beso.

  6. labuceadora permalink
    Lunes,2 febrero, 2009 17:28

    yo era de las que odiaba ir a la peluquería, primero porque cuando me sentaba frente al espejo, con el pelo chorreando hombros abajo, me entraba una sensación de desvalimiento la mar de desagradable y extraña, y segundo porque no importaba como lo cortasen o peinasen que siempre me encontraba rarísima, y volvía casa con un cabreo de primera.
    Por suerte para mi esto cambió hace un par de años, cuando mi sobrina se sacó el título de peluquera, ahora es una gozada preguntarle y oir sus sugerencias, ya no voy a la peluquería..la peluquería viene a casa jaja

  7. barrenado permalink
    Lunes,2 febrero, 2009 23:32

    Yo es que la peluquería es un pequeño sufrimiento, cada vez que voy pienso que será la última y no, afortunadamente, me está aguantando.
    Aunque cada vez que salgo de ella me despido por si acaso.

  8. Raquel permalink
    Martes,3 febrero, 2009 00:36

    ¡Uy! He leído lo de la peluquería y -aunque la piso una vez cada cuatro o cinco meses y siempre por prescripción facultativa de alguna de mis amigas- me han entrado unas ganas de que me toqueteen un poquito el pelo… será porque ya nadie me hace mimitos… en fin.
    Las librerías infantiles me vuelven loca. Los libritos con ilustraciones, con colores… qué maravilla. A ver si algún día me puedo dar el gusto de comprar libritos para mis propios niños y leerles cuentos, ¡qué envidia me dan…! A tener paciencia.

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