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Una tortuga

Sábado,11 octubre, 2008

Mi hijo quiere una tortuga.

En realidad lleva tiempo quieriendo tener una mascota. Lo intentó, inicialmente, pidiendo un perro. Pero tras razonar con él en varias ocasones que es imposible tener uno en nuestras condiciones, se conforma con tenerlos de peluche.

Luego convenció a su abuela para tener un pez. Fue tras su tercera visita al acuario de Gijón.

El pez no mancha, no hay que educarlo y no hay que sacarlo a pasear. Sólo se le da de comer. Eran sus argumentos. La abuela le compró dos y los tenía en su casa metidos en una copa gigante de Soberano. Lógicamente se murieron a los pocos días a pesar de que realmente los cuidaba su abuela. O quizás por eso, porque a la pobre mujer le encantan las plantas y no sobreviven más allá de seis meses.

Ahora quiere una tortuga. Debe pensar que es como un pez, pero más resistente. Al fin y al cabo tiene un caparazón.

Hace un mes trajo del parque un caracol. Lo metió en una maceta y ahí sigue. Yo creo que está hibernando, o incluso muerto. Lleva más de dos semanas fijado en una hoja. Con la babilla reseca taponando la entrada del cascarón. Todos los días sale a la terraza a verlo y comprobar que sigue ahí. Y está feliz porque no se marcha. Incluso cree que fue quien avisó al ratoncito Pérez cuando se le cayó el segundo diente. Le ayudó a trepar por la pared y a abrir la puerta de la terraza. Era su detective, dice. Todos los niños deben tener una mascota para comunicarse con él y avisarle cuando se caen los dientes.

El otro día le comentó a su abuela lo de la tortuga. Fué uno de los días más tristes de su vida, me dijo. No le deja porque a ella no le gustan las tortugas, le da asco ver la cabeza que tienen.

Entonces yo le prometí regalársela para su cumpleaños si su madre no ponía pegas para tener el estanque en casa y él se comprometía a cuidarla mejor que a los peces. Se le iluminó la cara cuando su madre le dijo que sí, que no había problema.

Ahora me toca pensar donde le hago un sitio en casa a la tortuga. Luego tendré que estudiar algo sobre la cría de la tortuga, para que nos dure algún tiempo, y si hay suerte y crece lo bastante, estoy seguro de que me tocará a mí llevarla al estanque del Parque de Isabel La Católica, junto a las decenas de tortugas que dicen que hay allí viviendo, de las que los niños se cansan, los padres no quieren o crrecieron demasiado para tenerlas en un piso.

Cuando paseo por ese parque nunca vi ninguna.

 ¿Será la leyenda urbana de Gijón, como la de los cocodrilos de Manhattan?

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6 comentarios leave one →
  1. Salomé permalink
    Domingo,12 octubre, 2008 00:44

    Cuando mi hijo mayor empezó la educación infantil, siempre me traía cosas en los bolsillos del baby; a veces eran piedras, o envoltorios de caramelos. Pero una vez me trajo un caracol que no vi hasta que saqué el baby de la lavadora y me encontré con el animal estrujado… Luego me enteré de que en el recreo él jugaba a ser el cuidador de los caracoles- ¡y mira que en el colegio de Cabueñes tiene que haber de eso!- Un tiempo después, ya más grandecito, se empeñó en un gato; el gato viajó con nosotros a Extremadura. Y después de las mascotas, vino la petición de un hermanito…; ¡ahora a veces se arrepiente de haberlo querido!
    En cuanto a lo de la tortuga, supongo que el mejor sitio es la terraza. Son animales muy solitarios e independientes, y pueden vivir muchos años; apenas dan trabajo y a los niños les encantan.
    Muy divertida la historia del ratoncito; creo que tu hijo tiene tanta imaginación como su padre…
    ¿Sabes?, yo he vivido once años al lado del Parque de Isabel la Católica y no recuerdo tampoco haber visto tortugas en el estanque.
    Un beso para tí y otro para tu familia

  2. quierodormir permalink
    Domingo,12 octubre, 2008 11:12

    En mi caso la petición del hermanito vino antes. Como hubo negativa por eso creo que ahora se conforma con las mascotas aunque sigue echando de menos compañía de su edad o menor. Le encantan los niños pequeños y adora a sus primos aunque lleva más de un año sin verlos.
    Un beso.

  3. Miércoles,15 octubre, 2008 14:44

    Yo he tenido muchas en toda mi vida. Y ahora, también, claro. Son mi animal preferido!!

  4. quierodormir permalink
    Jueves,16 octubre, 2008 16:33

    Perfecto, ya conozco a una experta en la materia. Espero que me eches una mano en lo que necesite si es que al final tengo que convivir con una.
    Un saludo y gracias.

  5. Lunes,29 junio, 2009 00:18

    La nuestra se llamaba Willy (idea de mi querido hermano) y no veas que carrera se pegaba cuando la sacábamos por el suelo de la habitación (shhh ésto mi madre no lo sabía, ajajaj).

    En realidad no es muy difícil cuidarlas.

    • Martes,7 julio, 2009 12:14

      Puedo asegurar que no es difícil cuidarlas, llevo haciéndolo desde Diciembre.
      Como me suponía, mi hijo no mira para ella, ni ahora que parecehaber revivido de su letargo invernal.
      Pero las tortugas son de un aburrido…

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