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Puxa Sporting: 10 años son suficientes

Jueves,25 septiembre, 2008
 Ayer me acosté, como cada noche, con la radio encendida, sólo 15 minutos, para conciliar el sueño, no la escucho.     

Pero ayer, antes de quedarme dormido, la oí. Partido Real Madrid – Sporting, comienza la segunda parte y gol del Madrid, 4-0.

Y me invadió una sensación de pena, de impotencia, de solidaridad con los jugadores que pensé que nunca sentiría. Y ya no pude dormir. Me tuve que levantar y escribir esto.

Cuando era pequeño, allá por los 70, mi padre me llevaba al Molinón todos los domingos. Supongo que iba porque mi padre me llevaba. Iba con él y me colaba gratis. Tenia la altura justa para ver por encima de la valla aunque nunca llegaba a ver bien los córners de mi lado por culpa de la gente. Luego el subía a la grada y veíamos el partido separados. Todavía no había asientos, todo el mundo estaba de pie y si llovía te mojabas a no ser que estuvieras en la zona alta. Era en la grada este.

La verdad es que nunca me interesó el futbol. Ni siquiera como juego cuando era niño y bajaba a jugar a la calle, todavía sin asfaltar. Las porterías eran un portal y el de la manzana de enfrente. No había miedo a que pasara un coche entre ataque y ataque.

Tuve mucha suerte. Crecí con el Sporting grande, el de Quini, Churruca, Ferrero, Joaquín, Maceda, etc. El de la UEFA, el que estuvo a punto de ganar la Liga y jugó dos veces la final de la Copa.

Eso me llegó un poco tarde, pero fui a las dos finales. A la primera, en Madrid, un sábado, con dos amigos y el abuelo de uno de ellos. Y a la segunda, en Valladolid, un miércoles. Yo organicé un autocar para ir con todos los compañeros del colegio. Estábamos en COU. Recuerdo las reuniones con el director del colegio y con profesores para que ese día no pusieran un examen o dieran una clase importante y que no hubiera represalias con los que faltáramos a clase por ir al partido. Perdimos las dos finales, no hace falta recordarlo.

Dejé  de ir al Molinón con 15 o 16 años, cuando los domingos me apetecía más hacer otras cosas que pasar dos horas de la tarde metido en un estadio de fútbol, cuando dejó de ser divertido porque ir al Molinón era salir enfadado del campo por el mal juego y otras cosas.

Y empecé a odiar el futbol, el futbol profesional por todo lo que se mueve a su alrededor.

Creo que la última vez que fui al Molinón a ver un partido de fútbol fue aquel vergonzoso Austria-Alemania del Mundial 82.

El Sporting bajó a Segunda División, llegaron las SAD, las gestiones nefastas…

Me alejé sentimentalmente  del Sporting, pero siempre pendiente de él, observándolo por el rabillo del ojo, aunque casi indiferente. Cuando estuvo a punto de desaparecer por la ineptitud de sus dirigentes, la indiferencia ya era total, si continuaba, bien, si desaparecía, también.

Pero yo crecí con el Sporting, con el equipo de mi ciudad, de Gijón. Y es un símbolo, una seña de identidad. Lo cierto es que si siento lo que le ocurre.

Pasaron los últimos diez años en Segunda. Todo el mundo lo quiere y todo el mundo lo critica. Muchos lo abandonaron, quizás debería apuntarme yo entre ellos. Pero hay otra gente, como mi padre, que lleva más de 50 años de socio. Es ya socio de honor. Como otros muchos, dejó de ir al campo, pero cada año paga su abono, para que otro lo disfrute, porque se siente orgulloso del número tan bajo que tiene en el carnet y no quiere perderlo.

El año pasado, el día que subieron a Primera, todo el que estaba en Gijón llevaba los colores del equipo, rojo y blanco, en su ropa, o una bufanda, o un pañuelo o la camiseta, como mi hijo de cinco años, al que tampoco le gusta el futbol. Miles de personas vinieron a Gijón ese día, no había donde comer sin haber reservado. Y, cuando al final se ganó el partido, Gijón fue una fiesta, toda la noche. Al día siguiente muchos no fueron a trabajar.

Este año sabíamos que iba a ser difícil. No hay dinero, pero hay ganas e ilusión. Dentro y fuera del campo. El calendario nos jugo una mala pasada, todos los equipos más fuertes al inicio del campeonato.

Con el Getafe se perdió en el último minuto, con el Sevilla 4-3 después de ir ganando 0-2 y haciendo crecer las ilusiones de todos los aficionados. Jugaban bien al ataque aunque fallaba la defensa.

Pero en una semana se desvaneció todo. El domingo con el Barcelona 1-6, el miércoles, con el  Madrid 7-1, y este sábado…  el Villarreal.

¿Hay equipo que aguante esto? ¿Lo habrá? 

Espero que sí, y que sea el Sporting.

Hoy siento pena, pero me siento más unido al equipo que todos estos últimos años. Seguro que este año pisaré el campo nuevamente alguna vez para apoyarles, vayan como vayan las cosas.

Puxa Sporting.

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios leave one →
  1. itjustbegan permalink
    Viernes,26 septiembre, 2008 01:13

    A mi tampoco me gusta mucho el fútbol… anque también fuí de más pequeña un par de veces con mi padre a ver al Real Madrid 🙂 Aunque lo que no le dije era que quería ir, más que nada, para ver al portero (mi edad del pavo…) jejeje

    Es muy bonito lo que has escrito, lleno de melancolia. No tenía ni idea de todo lo que ha pasado el Sporting…

    Besitos.
    Esta noche soy yo la que no puede dormir…

  2. Salomé permalink
    Sábado,27 septiembre, 2008 11:35

    Aún queda mucha liga por delante y yo creo que en cuanto se pongan en rodaje todavía pueden hacer algo…
    Lo importante es que han vuelto a primera; ahora sólo tienen que defender esta victoria con ganas y con arrojo.
    ¿Sabes?, yo he estado también muy vinculada al Sporting por el sitio en que pasé mi infancia, pues en Somió vivían muchos directivos, muchos jugadores y José Luis Rubio, el fisioterapeuta del equipo, que fue y sigue siendo vecino de mi casa desde toda la vida. A éste especialmente, y a su familia, les tenemos un cariño especial; somos casi como familia en vez de vecinos. Recuerdo que cuando se jubiló le escribí un artículo de homenaje muy sentido en la revista de la parroquia que gustó mucho, pues el enorme aprecio que le tengo quedó patente en aquella reseña; ¡la de veces que me curó cuando me hacía alguna herida o alguna magulladura mientras jugábamos en su casa o en la mía…!
    Recuerdos de un tiempo mitad hermoso mitad doloroso, pero ¡tan distinto…! La vida entonces tenía otro impasse, otro tiempo distinto de éste que nos lleva a velocidad de vértigo hacia adelante sin detenernos casi ni a pensar…
    Besitos Juan; me alegro de tus progresos en el tema del sueño…

  3. quierodormir permalink
    Sábado,27 septiembre, 2008 11:39

    Gracias por tus palabras, Natalia.
    Siento que no puedas dormir. Espero que sea algo pasajero, pero si no es así, ya sabes… aquí me tienes.
    Esperemos que todo cambie este sábado, para ti y para el Sporting. Un beso.

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