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Placeres olvidados

Miércoles,27 agosto, 2008

Creo que estoy empezando a salir del agujero.

He ido con mi hijo al club deportivo del que somos socios para darnos un baño en la piscina juntos (algo que le encanta) y para ver a una de sus compañeras de clase que hoy tenía cursillo de tenis.

El otro día nuestro hijo nos sorprendió en el coche llorando en silencio y cuando por fin conseguí que me contara que le había pasado me dijo que se había acordado de sus compañeros de clase y se había puesto muy triste. Así que antesdeayer llamó a su mejor amigo del colegio y hoy fuimos aver a su otra amiga. (Otras las ve en la playa cuando va con sus abuelos).

Después del baño en la piscina decidimos comer allí y llamamos a su madre para que fuera. Así que como no teníamos prisa nos metimos en el vestuario y nos duchamos. Por una extraña casualidad hoy perdió el miedo a ducharse solo en un vestuario masculino y me mando a la ducha de al lado. Y así, de repente, me sorprendí desnudo, con el agua caliente cayendo sobre mí y con la mirada perdida en la pared de enfrente del vestuario y el tiempo en pausa. 10 años después de la última vez.

Hace 10 años dejé de hacer algunas cosas. Entre otras, jugar al tenis. Empecé a jugar al tenis cuando tenía 12 años, en cursillos. Al poco tiempo pasé al equipo de tenis en el que estuve hasta los 18. Eran los inicios de la sección y no había demasiado nivel. No como ahora, que algún chaval está de gira por USA.

Pero allí pasé los mejores años de mi vida, o al menos los que se recuerdan de una manera más plena, los de la adolescencia.

Después de los entrenamientos pasábamos las tardes enteras allí, jugando , viendo la tele, charlando con las pandillas de los equipos de otros deportes, baloncesto, gimnasia, ligando más tarde y yendo a discotecas.

Después de esa época seguí jugando cada vez más esporádicamente hasta que un día se acabó. Y con ello se acabó el ir al club.

Desde hace tres años volvimos a ir al Grupo. El año pasado por el cursillo de natación del niño.

Y así, llegamos a hoy, en aquel vestuario en el que pasé tanto tiempo. Bajo el agua caliente recordando aquellas sensaciones y sintiéndome bien por primera vez desde hace bastantes días.

One Comment leave one →
  1. Domingo,4 enero, 2009 11:01

    Envejecer es deteriorarse.
    Yo también he jugado durante años al tenis.
    Llegó un punto en que mi malestar, un dolor e incapacidad en mi columna, y desde las cervicales, me lo ponía muy difícil. Dejé el tenis. Y dejar el deporte es un error. Porque pueden acabar por hacer su aparición trastornos de otro tipo: no fumas, ni bebes, ni estás gordo pero envejeces y quizás el deporte te hacía producir algún neurotransmisor que te ayudaba a dormir… Otras personas al envejecer somos sorprendidos por el tinnitus… Dicen que eso es molestísimo y que amarga la vida. Yo sin embargo lo tengo, lo que los egipcios llamaban oído encantado y es como una música. Si desapareciera sentiría que me falta algo. También es como convives con las cosas.

    Si me doy una caminata muy muy larga… me agoto. Y duermo estupendamente ese día. Supongo que tú lo has probado. Pero para la mayoría de nosotros envejecer es deteriorarse y bien pronto y empezar a padecer cualquier tipo de malestar que cronifica.

    Te dejo un saludo. Ser niño y que tus padres te lleven a dejar tu carta a los reyes es una pasada. Son cosas que luego ya tampoco no están y que recuperas como en tu caso. Cuando vuelves con un niño.

    Felicidad.

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