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Una rosa blanca

Domingo,7 octubre, 2012

Tontxu – Una rosa blanca

6 horas

Viernes,5 octubre, 2012

Seis horas.

Solo seis horas más.

Ni siquiera les dio tiempo a saber cuál era la dosis adecuada.

Adios papá.

Es duro

Jueves,4 octubre, 2012

Es duro ver a alguien luchar.

Y más si no entiendes esa lucha, si no aciertas a adivinar por qué lo hace. Qué pasa por su cabeza, qué lo impulsa a continuar con una batalla perdida de antemanao.

Es duro no poder hacer nada por evitarlo. Por evitarle el sufrimiento que conlleva toda lucha. Por evitarle el agotamiento causado por un sinsentido.

Es muy difícil mantenerse al margen. No involuvrarse y participar en esa lucha. A su lado, como un escudero asisitiendo a su caballero. Aún a sabiendas de que lleva todas las de perder, haces lo que está en tu mano por ayudarle.

Pero es difícil.

Difícil y duro.

Hoy por la tarde han empezado con la sedación.

Una llamada

Miércoles,3 octubre, 2012

Cuando finalizó la llamada y apagó el móvil, él, levantando la mirada, preguntó:

– ¿Qué pasa, mamá?

– Sabes que papá lleva todo el día en la residencia con el abuelo, ¿verdad?. Pues me dijo que está mal, muy mal.

– No lo entiendo. ¿Qué es que ahora le duele algo más que la espalda?

Ella,  sin tiempo a reaccionar, no se sintió con fuerzas de seguir disfrazando la verdad.

. Verás, lo que te voy a decir es muy duro. Es probable que te sientas triste y que tengas ganas de llorar… No va a ocurrir hoy,  probablemente tampoco mañana, no sabemos cuándo… pero el abuelo se está muriendo.

Mientras se daba la vuelta iniciando la marcha hacia el portal, dos silenciosas lágrimas salieron de sus ojos. Así, sin más palabras llegaron a casa.

– ¿Quieres hablar? No sientas miedo de lo que sientes. Si te apetece llorar hazlo, y si quieres hablar de ello dímelo.

– No, mamá.

Tras cerrar la puerta fue directamente al baño, se quitó la ropa de deporte y se metió en la ducha. Y allí, tras la cortina, bajo el agua y silenciado por el ruido de las gotas golpeando la bañera, sepermitió llorar.

Cuando se vistió cogió los libros, hizo sus deberes, merendó…

Más tarde, mientras cenaba, dijo:

– ¿Sabes mamá? Pensaba que iba a llorar más.

Después, cogió un libro para estudiar y se metió en la cama.

Fin de semana

Lunes,1 octubre, 2012

El viernes supo que iba a venir. Mi hermana me lo había dicho aunque dudaba si venir sola. No quería que una mala impresión les dejara un mal recuerdo.

Pero ellos prefirieron una posible mala imagen, un contacto real, a lamentar más tarde no haberlo visto de nuevo. Y renunciaron a un cumpleaños al que estaban invitados a cambio de un viaje de 500 km y a la tristeza de ver a un abuelo en su estado.

Y cuando el sábado los vio entrar por la puerta del patio de la residencia le cambió la cara.

Y abrazándoles, sospechando que podría ser una de las últimas veces, repitió dos veces:

– ¡Esto es lo que yo necesitaba!

Luego la tarde transcurrió como las últimas. Pero en su cara se adivinaba una calma que no tenía días atrás. Y en la despedida, a la hora de bajar al comedor a cenar, las fuerzas ya le habían abandonado. Salió a la puerta, abrió la cajetilla y apenas acertó a sacar un cigarrillo. Lo fumó con un ansia que yo no había apreciado los días anteriores. Y cuando se consumió, sin apenas haberle dado tres caladas, se dio la vuela, se agarró a mi brazo, y después de dos vacilantes pasos, me ordenó que los llamara. Quería darles un beso a los tres y despedirse a conciencia.

El domingo ya no era el mismo. Sentado en la esquina del patio,  que se había apropiado el día que llegó por primera vez, y que sus compañeros respetaban si él no estaba allí, dejando su silla vacía, esperó a que ellos llegaran. Y cuando los vió otra vez, las fuerzas abandonaron su cuerpo.

Hoy por la mañana salió a fumar. Pero su mano no alcanzó a llevar el cigarrillo a la boca. Y pidió que le acostaran.

Cuando fui a visitarlo ya le habían trasladado de habitación. Individual, al lado de la enfermería.

Cuando entré estaba profundamente dormido. Su cara estaba relajada, su respiración era trabajosa, ruidosa, difícil…

Me senté frente a él. Mis ojos se nublaron.

Y en mi mente asomó un pensamiento.

Por su bien. Solo por su bien.

 

Ayer

Jueves,27 septiembre, 2012

Ayer sentí que se está yendo.

Ayer sentí que ya no puede más, que se rinde.

Ayer lo sentí más cerca. Me hizo gestos que hace mucho tiempo no recordaba.

Cada paseo que dimos era como si quisiera demostrarme que hace todo lo que puede. Pero que no puede.

Y ayer me sentí pesimista por primera vez.

Me gusta decir que soy realista, que veo las cosas como son, que no me gusta hacerme ilusiones. Mucho menos pensar que las cosas son peores de lo que aparentan.

Pero ayer, no pude.

Cada silencio era interminable. Duraba…  hasta que se me humedecían los ojos. Entonces tenía que respirar hondo, girar la cara. Decir algo…

Ayer no quiso cenar. Un día más.

Pero ayer quiso que lo subiera a la habitación, que yo lo acostara.

Ayer, en sus pulmones entraba aire. Pero salía vida.

Ayer, creo y sentí, que se despidió de mí.

Teléfono

Miércoles,26 septiembre, 2012

Cuando un teléfono suena de madrugada nunca es para dar buenas noticias.

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