Esta noche viví un sueño de lo más real. Absurdo, sin sentido, como posiblemente sean todos los sueños.
Pero es que hace mucho tiempo que no recuerdo un sueño. Es más, sé que no es así, pero diría que llevo mucho tiempo sin soñar porque la calidad de mi sueño era tan pobre que no se daban las condiciones para que ocurriera.
Así que fue casi un acontecimiento
Una reunión de personas, de ellas, sólo una conocida. Todas sentadas alrededor de una mesa, hablando, riendo.
La única persona que conocía era un compañero de trabajo. En la vida real tiene pareja, un hijo y está esperando otro. En el sueño, nos iba a presentar a su nueva novia. Nos enseñó la foto. Yo la conocía de muchos años atrás, pero sólo de vista, cuando era casi un crío. Cuando llegó, no se parecía mucho a la cara que yo recordaba. Era mucho más guapa.
Siguió la conversación, las bromas, las tonterías que hacíamos continuamente. Nos estábamos divirtiendo mucho. Me desperté recordando las conversaciones, los sonidos que había en aquella habitación donde estábamos.
Ahora ya no lo recuerdo. y además no le encuentro sentido. Sólo fue un sueño.
Pero fue real.
Tan real que me despertaron mis propias carcajadas.
Quizás por ello no soy buen escritor. Me refiero en el sentido de imaginar historias ajenas, aquellas que se basan en una documentación previa sobre la que se desarrolla una trama.
Debe ser que tampoco tengo imaginación.
Mi hijo lleva varios días pidiéndome que le cuente una historia inventada, que improvise sobre la marcha. Y yo que no puedo engañarle y contarle cualquier historia existente, pero que él desconozca, le doy una disculpa tras otra para ir posponiendo el reto que me plantea
Hoy vi un reportaje que le hicieron sobre Joaquín Sabina para la televisión holandesa hace unos años, cuando sacó el disco de “19 días y 500 noches”. Decían varios amigos suyos que ya no era el mismo desde el ictus y la depresión que tuvo. Al final del programa, él contestaba a unas preguntas y decía que “se escribe mejor cuando se está mal, se compone mejor, se crea, en definitiva, mejor. Cuando uno está bien, se limita a vivir”.
Cuando fui al psicólogo, hace ahora un año, me dijo que yo tenía una personalidad creativa, y que no debía reprimirla, que la encauzara como mejor me pareciera, con lo que más me gustara, escribir, componer, hacer fotografía… Puede que sea verdad, y por eso me aburre la vida monótona y repetitiva.
Pero también creo, como Sabina, que se crea mejor cuando uno está mal. Y eso no me gusta.
Este blog es un reflejo de lo que digo. Si miramos el calendario donde aparecen marcados los días que he escrito algo, es fácil adivinar el estado en que me encuentro. Si hay muchos seguidos, malo. Posiblemente, no haya sido una buena época, anímicamente hablando. Si leemos las entradas de esos días podremos confirmarlo. Claro que a veces tampoco es así, también hay chistes y anécdotas. Pero me refiero a los temas más personales.
Si no hay entradas, es que la cosa marcha bien. No hay cosas que perturben el buen transcurrir de los días. O también puede ser que no haya ni ganas de escribir, claro. Eso ya no es tan bueno.
Hoy he hablado con una amiga. Ha abandonado su blog. No lo está pasando bien y ha dejado de escribir. Es un caso distinto al mío, ella sí sabe escribir, y muy bien, por cierto. Así que mi teoría puede que haga aguas por algún lado.
Sin embargo, piensa que debería volver a hacerlo para desahogarse escribiendo. Lo necesita. Así que puede que mi teoría no esté tan fuera de lugar.
Son las dos de la mañana. En cinco horas he de levantarme para ir al trabajo. Hacía días que no me pasaba esto.
Algo no marcha bien. Si escribo más a menudo estos días, confirmaré mis sospechas. Pero esta vez, prefiero equivocarme y no tener razón.
No es que haya tenido muchas, pero sí algunas. Pero ésa fue distinta.
Creo que fue mi primer “amor adulto”.
Pero no fue un “amor” en igualdad de condiciones. Quizás sea lo normal, en todas las parejas uno da más y el otro menos, incluso, a veces, una da y el otro se deja querer.
No sé si en aquella relación fue así, o al final derivó en algo así. Fue corta, pero para mí, intensa. Si alguien me pregunta si estuve alguna vez enamorado, creo que mis pensamientos, inevitablemente se irán a aquella relación.
Pero no fue perfecta. Por ninguna de las dos partes. Quizás ella se metió en algo que no quería, quizás yo en algo para lo que no estaba preparado.
Pero el amor es así (o los flechazos, porque todo fue muy rápido).
Ella me superaba en edad, en experiencia, en preparación. Ella estaba centrada en su trabajo: investigaba; yo empezaba a tener un trabajo “estable”.
Ella buscaba en mí algo que no pude darle, que no sabía darle. Su presencia me hacía sentirme pequeñito, ella me superaba. Tanto que era incapaz de expresarle todo lo que sentía por ella, tanto que era difícil tener una conversación normal.
Vivíamos en distinta ciudad. Cuando yo estaba en mi casa me pasaba el día grabándole cintas con canciones cuya letra reflejaban lo que a mí me hubiera gustado decirle. Luego, cuando nos veíamos, se las daba. Y creo que lo hice bien, porque ella entendió el mensaje. Eran como cartas en las que expresaba mis sentimientos.
Lo hice tan bien, que el día que nos separamos, en un arrebato caprichoso le pedí que me devolviera “mis cintas”, a lo cual se negó.
-No puedo devolvértelas, ¿ no te das cuenta de que es lo único real que me queda de ti ? – me dijo.
Ese día, al llegar a casa, me tiré de cabeza sobre la almohada de la cama de mis padres (era la más cercana a la entrada, la mía estaba al fondo del pasillo). Y lloré, lloré como nunca, lloré de rabia, de impotencia, de saber lo que había perdido… De tal manera que, hasta mi hermana fue a preguntarme qué me pasaba.
Pero esa relación fue muy importante en mi vida. Me hizo darme cuenta de quién era, de cómo era. Crecí más como persona en aquellos meses que en todos los años anteriores de mi vida.
Si una mujer como aquella había visto algo en mí, es que, aunque fuese tan en el fondo que ni siquiera a ella había sabido mostrárselo, dentro de mí había cosas que merecían la pena.
Igual que el mosquito más tonto de la manada
Yo sigo tu luz aunque me lleve a morir,
Te sigo como les siguen los puntos finales
A todas las frases suicidas que buscan su fin.
Igual que el poeta que decide trabajar en un banco
Sería posible que yo en el peor de los casos
Le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón
Haciendo que firme llorando esta declaración:
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón.
Pero pase lo que pase,
Y aunque otro me acompañe,
En silencio te querré tan sólo a tí.
Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate,
Igual que una flor resignada decora un despacho elegante,
Prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño
Y reir será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.
Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo
Procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso
Un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver
Reduciendo estas palabras a un trozo de papel.
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
Pero pase lo que pase,
Y aunque otro me acompañe,
En silencio te querré tan sólo
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
Pero pase lo que pase,
Y aunque otro me acompañe,
En silencio te querré,
En silencio te amaré,
En silencio pensaré
Que reir será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.