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Relato. El pozo

Domingo,17 mayo, 2009

Erase una vez un hombre, un hombre normal, con una vida normal.

Estando un día de paseo por el campo, ensimismado en sus pensamientos y en el paisaje que le rodeaba, cayó en un profundo pozo de cuya nunca existencia nunca había advertido. Su sorpresa fue tan grande como la impotencia que sintió para solventar aquella situación. Como no veía la forma de salir de aquel agujero, pensó en alzar la voz con la esperanza de que alguien lo oyera y pudiera sacarlo de aquella situación. En su cabeza empezó a rondar una idea: su vida se había acabado, había perdido todo lo que tenía si no conseguía salir.

Afortunadamente, al poco tiempo, pasó cerca una mujer que, oyendo sus lamentos, se encaminó hacia el lugar de donde salían las voces.

- ¿Que le ha sucedido buen hombre?¿Cómo es que se encuentra en el fondo de este pozo?

- No lo sé. Me he visto sorprendido. No esperaba encontrarme algo así en el camino y de repente me caí hasta el fondo.

- Siento mucho no poder ayudarle. Sólo pasaba por aquí y me acerqué al oír su voz. Pero no tengo nada con qué sacarlo del pozo. Pero esté tranquilo. Yo le acompañaré desde aquí. Seguro que alguien más aparece.

Durante unas horas permanecieron en animada conversación. El tiempo pasaba sin darse cuenta y entre ellos nació cierta amistad. El le contaba lo que sentía allá abajo y ella trataba de animarlo y tranquilizarlo para hacerle las horas más llevaderas, y le hablaba de su vida para romper la monotonía de la situación.

Unas horas más tarde llegó una joven, que al ver a la mujer recostada en el suelo y hablando sola, atrajo su atención. Fue entonces cuando vio el pozo y al hombre que se encontraba en su interior. Pero ella tampoco podía ofrecerle más que sus palabras y su compañía.

Después apareció una tercera persona, que se sumó al grupo del exterior. El hombre, a pesar de no avanzar en su situación, empezó a sentirse acompañado y a dejar de pensar en su soledad y en el problema que tenía ante sí pues, aunque no veía la manera de salir, sentía que quienes se quedaban en la boca del pozo le estaban haciendo mucho bien.

Con el paso de las horas, se siguió sumando más gente. Cada uno tenía su versión sobre la manera de ayudarlo a salir del pozo y la exponían ante los demás para ver si encontraban una solución entre todos.

Las horas se convirtieron en días, y a todas las personas que se reunían a la boca del pozo empezó a sentirlas como de su familia. Desde la oscuridad del fondo nunca había llegado a verles las caras, pero sus voces ya las reconocía sin dudar y sabía a quién pertenecía cada una.

Por fin un día, alguien le indicó que  era muy difícil poder hacer algo desde el exterior si él mismo no intentaba acercarse a la salida por sus propios medios.

Esa frase despertó en él una nueva manera de ver sus situación, y comprendió que era verdad. Debería empezar a pensar en cómo salir de allí y no seguir esperando que alguien lo sacara.

Con decisión, pidió ayuda. Les indicó que buscaran por los alrededores a ver si encontraban ramas de árboles gruesas, una cuerda, y algo resistente, metálico, más duro que la tierra que formaba las paredes del pozo.

Pronto reunieron los materiales que el hombre les había pedido y se los lanzaron desde arriba.

Y se puso manos a la obra. Poco a poco empezó a cavar pequeños agujeros en la pared, en espiral y un poco más alto un agujero que el anterior. Introducía en ellos trozos de rama, a modo de peldaños, y conformó una especie de escalera de caracol alrededor de la pared del pozo.

En menos tiempo del pensado consiguió alcanzar la superficie y salir del pozo. Se sintió muy agradecido a todos los que le esperaban en el exterior y quiso demostrarselo como mejor pudo.

Desde ese día vio las cosas de modo distinto a como las veía antes. Siguió con su vida de siempre,haciendo las mismas cosas que hacía, pero con otro ánimo.

Siguió paseando por allí, encontrándose, de vez en cuando, con aquellas personas que tanto le habían ayudado Pero ahora sabía que en cualquier momento podía volver a caerse en el pozo, y que si ello ocurriese,  saldría porque sabía cómo hacerlo, ahora tenía herramientas con las que reparar los peldaños que se fueran deteriorando. Y sabía que no estaba solo.

Eso era lo más importante.

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6 comentarios leave one →
  1. Domingo,17 mayo, 2009 18:41

    Buena metáfora de lo que es la vida.
    Me recuerda mucho a lo que opino yo de mi blog (supongo que más de uno comparte mi opinión respecto al suyo propio).
    Saludos.

  2. Salomé permalink
    Domingo,17 mayo, 2009 23:32

    Bonita alegoría Juan. Besos y abrazos desde otro pozo al que aún le faltan peldaños por construir.

  3. Raquel permalink
    Lunes,18 mayo, 2009 22:40

    Acertada parábola. Un besito.

  4. Martes,19 mayo, 2009 13:32

    Una metáfora genial que me llena de alegría. Una lección que muchos de nosotros vamos aprendiendo a fuerza de caídas.
    Muy bueno.

    Besos desde mi alma en calma.

  5. barrenado permalink
    Martes,19 mayo, 2009 21:52

    Qué bueno, sobre todo lo de salir por su propio pie.

  6. Jueves,21 mayo, 2009 10:31

    … tú estuviste en ese pozo, ¿no? Esto antes era tu pozo y tus lectores se convirtieron en esas personas, sin cara, que te acompañaban y te hacían sentirte… menos solo… Y tú, decidiste salir… pero crees que sin su ayuda, a lo mejor aún estarías ahí abajo, sin saber qué hacer…

    Me ha gustado… mucho… ( y me he resistido, inexplicablemente a leerlo, desde el día que lo publicaste…)

    Un beso, dormilón ;)

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