Lunes,16 Noviembre, 2009

La primera vez solo

- Esperé hasta que sólo quedaba un señor mirando en la entrada, luego se me ocurrió echar a correr hasta casa, porque no sabía qué hacer.

- ¿Y lo pasaste mal?

- Sí, estaba muy nervioso porque nadie venía y me puse a llorar.

-¿Y fuiste llorando todo el camino mientras corrías?

- A veces sí y aveces no. Pero, papá, cuando tenía que cruzar la calle miraba a los lados para ver si venían coches, y cuando había semáforos esperaba a que estuvieran en verde.

- ¿Y nadie te decía nada?

- Nada, un niño solo llorando por la calle y nadie me dijo nada.

- Claro, es que si ibas corriendo no les daba tiempo a decirte nada.

- Pero a veces iba andando.

- Y cuando llegaste a casa, ¿qué te dijo la abuela?.

- Nada, le extrañaba que hubiera subido a casa solo.

- Pero, ¿no llamaste al timbre?. ¿Subiste solo en ascensor?.

- Sí, es que la puerta estaba abierta.

- Eres un valiente. Si me pasa a mí no sé si me hubiera atrevido a ir solo hasta casa. Pero, ¿sabes lo que tienes que hacer si vuelve a pasar?. Ir a Portería y avisar de que nadie te fue a buscar para que nos llamen a mí o a mamá.

- Lo sé papá, pero es que no quería quedarme a comer en el colegio y no sé me ocurrió que pudiera hacer eso.

Hoy a las dos del mediodía recibí una llamada de mi mujer para contarme que su madre la había llamado llorando porque se le había olvidado que mi padre la había avisado que hoy no podía ir a buscar a Mario al colegio y que tenía que ir ella. Por detrás, oía a Mario llorando, por los nervios que aún tenía después de su aventura, pero sobre todo porque pensaba que íbamos a reñirlo por haber ido sólo a casa.

Cuando fui a buscarlo al colegio por la tarde me contó lo que había pasado. Yo ya había hablado con él por teléfono. Lo llamé en cuanto me enteré de la noticia. Al colgar el teléfono, y pensar en lo que podía haber sentido el crío mientras iba a casa de sus abuelos, me vino una sensación de angustia y temor por lo que podía haberle pasado.

Ahora, a pesar de todo, me siento muy orgulloso de él.

Domingo,15 Noviembre, 2009

El jardinero griposo

Kothbiro – BSO El jardinero fiel

Hoy he visto la película “El jardinero fiel”.

Mañana comienza la campaña de vacunación contra la Gripe A.

No puedo dejar de relacionar ambas cosas.

Sábado,14 Noviembre, 2009

El padre del artista

Hoy me he estrenado en una nueva faceta de la vida. La de “padre del artista”. En mi caso “del deportista”.

Segundo partido de Liga de Baloncesto. Categoría Benjamín.

En el primer partido no hubo opción. Mario se negó a ir al partido.

- No hay derecho a que hagan madrugar tanto a unos niños tan pequeños para jugar  un partido – fue su primera disculpa.

Reacción del padre:

- Jugar al baloncesto no es sólo entrenar y divertirse, también implica competir, y eso son los partidos, además de un compromiso adquirido con el resto de los compañeros. Si todos hacen como tú y no van porque es temprano o no les apetece, ¿qué le pasa al colegio?.

-Pues que nos eliminan – me contestó.

- Eso es. Pues entonces, si no quieres ir a los partidos es que no te gusta lo suficiente el baloncesto, así que lo dejamos.

- Papá, es que no me encuentro preparado – fue la segunda.

- Eso lo decide el entrenador, si te dice que tienes que ir, tienes que ir. Aunque sea para estar todo el partido en el banquillo. Ahí también se aprende, viendo a los que lo hacen mejor que tú.

Después de tan profunda conversación, me sentí herido en el alma hasta lo más profundo. No lo puedo explicar, pero me dejó sumido en un estado cercano a la depresión, cuando el sábado, a la hora del partido se encontraba delante del televisor en vez de jugando al baloncesto. Es exagerado, lo sé, pero algo me debe de quedar en la cabeza de anteriores etapas que me hace reaccionar de modo indebido, me afectan algunas cosas en un modo que no deberían hacerlo.

Hoy fue al partido. El primero lo ganaron 0-46, el de hoy 45-17. Como se ve, el resultado no depende en demasía de su participación en el equipo.

Y fue una dura experiencia. Porque es duro, o triste, o vete tú a saber qué palabra es la más adecuada en estos casos, cuando ves que tu hijo es uno de los peores del equipo. Que sólo toca el balón una vez en los minutos que juega. Que sus entrenadores tienen que decidir a quién dejan en el banquillo entre dos jugadores, porque les sobra uno, y al que eligen es a tu hijo, aunque luego la decisión haya sido dar medio tiempo a cada uno d ellos.

Porque lo sé, a esta edad lo importante es participar, y así lo hacen sus entrenadores, repartiendo los tiempos entre todos, y equilibrando el equipo poniendo a los mejores con los peores. Y que lo importante es que se diviertan y que salgan contentos hayan jugado bien o mal, hayan tocado la pelota o no.

Y que mi deber es hacerle ver que lo que importa es eso, y que ya jugará bien cuando sea más mayor y tenga fuerza suficiente para que sus lanzamientos lleguen al tablero, y que no tiene que darle importancia a los comentarios o burlas de los compañeros.

Y es que Mario es muy suyo. Nunca le gustó que nadie lo viera hacer algo hasta que sabía hacerlo bien. Estoy convencido de que no habló hasta tan tarde por propia decisión, y cuando empezó a hacerlo, no nos echó un discurso porque tenía menos de tres años, pero a los tres meses de empezar ya casi lo hacía a la perfección.

Pero es duro ser “el padre del artista”. Me queda mucho que aprender. Estar a su lado apoyándole, aunque veas que lo hace mal, que quizás no sea lo suyo. O que debe tener paciencia, que con el tiempo y la práctica las cosas mejoran.

También es posible que sea yo el que tiene que volver a recuperar la paciencia que antes tenía.

Porque seamos realistas, no todos podemos ser el padre del nº 1, por mucho que lo deseemos.