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Divorcio

Sábado,3 diciembre, 2011

Ya se habían dicho adiós en alguna ocasión.

Ocurrió al principio. Aquello fueron unas despedidas cortas, más bien, unos hasta luego. Era cuestión de tiempo volver a encontrarse y proseguir la relación.

Por aquel entonces ya era claro que una parte ponía más que la otra. Uno quería; el otro se dejaba querer. Como en todas las relaciones que no son de igual a igual.

Un día llegó la promesa de “amor eterno”. Pero el compromiso aún tardó en llegar. Antes hubo mentiras, retrasos, pequeñas trampas intentando que la promesa cayera en el olvido.

Y el día llegó.

Y con ello, el inicio del fin.

Más tarde aparecieron las envidias, los celos… y  terceras personas.

Eso fue definitivo.  En concreto, una cuya sombra se interponía entre los dos y que  a la larga supo ocupar su lugar.

La relación se fue deteriorando. Llegó la incomunicación y el sacar provecho de la situación por parte del intruso, que al final ganó la partida.

Por fin, se decidió y dio el paso.

- La situación es insostenible. No podemos continuar así. Tengo que decirte que no podemos seguir juntos.

No hizo falta hablar más. Aquellas palabras estaban vacías. Sabía que no eran las auténticas razones, todos lo sabían, no merecía la pena discutir ni alargar aquella incómoda escena.

Abandonó la habitación sabiéndose derrotado. No tenía la mismas armas para luchar, estaba en inferioridad de condiciones. Incluso el causante de la rotura intentó darle un golpe más, un golpe bajo.

Pero lo encajó bien, no quería hacerle sentirse ganador de aquella guerra, así que lo ignoró.

Comenzó a buscar consejo. No estaba dispuesto a perder los derechos que había adquirido durante el tiempo de aquella relación. Había puesto mucho de sí para que funcionara como para dejarlo ahora a cambio de nada.

Y empezaron las estrategias, buscar los puntos débiles, los resquicios por los que penetrar y situarse para las negociaciones futuras.

Hoy se han firmado los papeles.

Se han visto, pero no se han cruzado ni una palabra. Ni siquiera una mirada

A partir de ahora, cada uno por su camino.

Enrique Urquijo y los problemas – Para vivir

15 años

Jueves,24 noviembre, 2011

15 años en el mismo sitio es mucho tiempo.

En 15 años suceden muchas cosas. Los tiempos cambian, mejoran, empeoran…

Las relaciones también. Las personales y las de trabajo. Y cuando unas se entremezclan con las otras pueden deteriorarse mucho.

En el cine se escucha mucho la frase de “nunca trabajes con niños ni con animales”. Debe ser por lo imprevisibles de ambos a la hora de dirigirles en un película y querer que hagan determinadas acciones en el momento adecuado.

En la vida te dicen: “No mezcles amor y trabajo”, o alguna variante de peor gusto. También la de “No trabajes con familia ni con amigos”. Yo he sufrido las consecuencias por no hacer caso. Porque, quizás por una lealtad mal entendida, he aguantado situaciones que posiblemente no hubiera soportado si no hubieran existido esos lazos. Porque , quizás, si no hubieran existido esos lazos no se habría producido cierto trato.

“Donde hay confianza da asco”. Es otra frase que viene al caso. Y más cuando la relación no es entre iguales, cuando una parte tiene un poder  que la otra no tiene. Y cuando aparecen terceros de por medio, ineptos y envidiosos, y que arriman el ascua a su sardina, cuando aparece el “quítate tú para ponerme yo” y que se apropian de méritos ajenos. Cuando quien tiene el poder sólo ve y oye lo que quiere y no el todo, pierde la perspectiva, la visión de conjunto y los detalles, todo se va al garete.

Pero es muy posible que quien hoy se cree victorioso mañana se dé cuenta de que no lo fue.

Y también es posible que el tiempo ponga a cada uno en su sitio.

Puedo vivir sin…

Viernes,18 noviembre, 2011

Me han dado una carta.

Una carta como la que ha recibido mucha gente antes que yo, no tiene nada de especial.

Me la ha dado una persona que conozco desde hace muchos años, desde que nos sentábamos juntos en el pupitre del colegio. Entonces, es posible que yo estuviera un paso por delante suyo. Hoy estaba muchos pasos por detrás.

A diez minutos del final, un lacayo cruzó la puerta.

- J quiere hablar contigo.- Y salió delante de mí de la habitación llevándome hacia otra. Allí se sentó. Y llegó J.

-Todo está muy mal, bla, bla, bla, y he tomado una decisión. Vamos a prescindir de ti. Ahora T. te explicará porque yo no sé qué es ninguno de estos papeles.

Escuché en silencio lo que sabía desde hace meses, lo que algún compañero había oído, lo que le habían dicho pero que a mí no me decía.

Un compañero… sí.

Salí de la habitación. Dejé la lectura de la carta para más adelante.

Recogí mis cosas. Me despedí de algunos…

Y pasados esos momentos, respiré.

Sentí una gran liberación tras meses de rumores, mentiras, falsedades…

Caras sonrientes por delante, puñaladas traperas por detrás.

Compañeros sólo de nombre, que buscan el beneficio propio tras sacar de tí lo máximo posible.

No los necesito. Suena a despecho, pero no lo es.

Quiero creer que tengo un horizonte abierto por delante, que ahora puedo tirar para donde yo quiera y no para donde me obligan en contra de mi voluntad.

Que el camino va a ser largo y duro, pero intentaré llegar al final

Puedo vivir sin ellos.

En serio, lo creo y así será.

Victor Manuel – Sin memoria

Puedo vivir sin creer en Dios

sin alguien superior

que me sugiera las cosas

desde un televisor

puedo vivir sin fachas sin skins

sin toda aquella gente

que afila ya los dientes

ante el porvenir

Pero no puedo vivir sin memoria…

Puedo vivir sin más bandera

que dos tibias mondas

una calavera

y los ojos de ella.

Puedo vivir sin álvarez ni cascos

sin un montón de vascos

sin poli sin gobierno

sin jueces sin tabaco

Pero no puedo vivir sin memoria

sin memoria de cada paso que anduvimos

sin memoria, sin memoria

de tantas cosas que he vivido.

Puedo vivir sin ti pero no quiero

porqué iba a acostumbrarme

después de tanto tiempo

a que nadie me regañe.

Puedo vivir sin héroes que me salven

sin perros que me ladren

con poco más que nada

que algunos litros de aire.

Pero no puedo vivir sin memoria

sin memoria de cada paso que anduvimos

sin memoria, sin memoria

de tantas cosas que he vivido.

Puedo vivir sin héroes que me salven

sin perros que me ladren

con poco más que nada

que algunos litros de aire.


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